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La evaluación, dentro del proceso general de las enseñanzas, es, tal vez, la tarea más trascendente de todo el proceso. Generalmente se asimila la evaluación a unos exámenes al final de cada trimestre, donde se valoran los conocimientos del alumno con una calificación de suspenso o aprobado, llegando a la conclusión, por este medio, de si el alumno estudia o no, o si presta atención o no a las clases, y terminando con una información más o menos somera a los padres. Afortunadamente, esta visión de la evaluación con un solo protagonista, el alumno, y con unos medios de análisis tan precarios, como unas preguntas aleatorias, va desapareciendo. El Colegio considera la evaluación como un proceso continuo que debe abarcar como máximo un tema del programa de la asignatura, que debe recoger y valorar todos los objetivos de conomiento, procedimientos y actitudes programadas para ese tema y que implica: en primer lugar, al profesor, que ante unos resultados negativos (no concordantes con la media de las capacidades del alumnado) le obliga a replantearse la metodología empleada y volver sobre el tema, modificando las estrategias (siempre teniendo presente que un temario bien planificado debe terminar con el curso); en segundo lugar, al alumno que tiene que cumplir con las tareas de recuperación que se le asigne, en caso de ser uno de los del grupo minoritario que no haya superado los objetivos o mantenga lagunas en los más importantes; y, por último, a los padres que recibiendo a través de la agenda la información del profesor sobre los resultados del alumno, deberán estimularlo valorando su esfuerzo y ayudarle, si fuera necesario, en las tareas de recuperación encomendadas para casa. Esta evaluación, por objetivos y por temas, supone:
Es necesario tener presente, en nuestras enseñanzas, los problemas derivados de la utilización por los alumnos sólo de la memoria inmediata, lo que tiene mucho que ver con la falta de motivación o con una metodología que tiende a fijar los conocimientos solamente a a través de la memorización, lo que lleva al olvido de lo supuestamente aprendido. Trimestralmente, de acuerdo con nuestra legislación actual, deberá hacerse una evaluación de todos los objetivos planteados para esos tres meses. En los casa del segundo y tercer trimestre, será, de acuerdo con nuestra metodología global y continua, de todos los objetivos estudiados a lo largo del curso, profundizando en el grado de asimilación real a largo plazo de los objetivos propuestos. Una vez obtenidos los resultados, primeramente, deberá analizarse el resultado global por objetivo. El fallo colectivo en uno o varios de los objetivos supondrá un replanteamiento de la labor de repaso o implicará una vuelta atrás a los objetivos mal asimilados. Posteriormente, deberá analizarse cada paso individual, adoptándose medidas que englobamos con el nombre de “adaptación curricular poco significativa”, que supone: tareas específicas para casa, dedicación exclusiva del profesor dos horas a la semana para atender a estos alumnos y acuerdo por escrito de colaboración con los padres. En los casos más graves: el alumno pasará a un grupo de apoyo bajo la tutela del Gabinete Psico-Pedagógico con la intervención programada de un profesor de apoyo en horario escolar, que trabajará básicamente el desarrollo de las áreas instrumentales (Matemáticas y Lengua) y la potenciación, a través de las técnicas de estudio y los ejercicios de lógica y memorización, de las capacidades del alumno, su motivación y autoestima. De los resultados de esta evaluación se dará cumplida información a los padres a través de un boletín de calificaciones, acompañado de un informe sobre los aspectos más destacables de la evaluación. El tutor del curso será el encargado de realizar el informe y recogher el resguardo con la firma de los padres que acompaña al boletín de calificaciones. Con la evaluación del último trimestre o de final de curso, se hará por el profesor una valoración de los cambios metodológicos que deben plantearse para el siguiente curso, de acuerdo con la experiencia del presente y, se fijarán, si es necesario, tareas de recuperación para el verano que deberán valorarse a comienzos del curso siguiente. Si esta evaluaqción se corresponde con el final del ciclo (dos años en Primaria o Secundaria), deberá valorarse, en caso de evaluación negativa, si la edad mental del alumno se corresponde con la edad escolar del mismo y, por lo tanto, si el alumnod debe repetir o no, o en el caso de alumnos sobredotados, pormocionar al segundo curso del siguiente ciclo. En ambos casos se pedirá opinión a los padres, pero la decisión final dependerá únicamente del equipo docente. La repetición de curso, en todo caso, estimamos que debe fundamentalmente realizarse al final del primer ciclo, tercer ciclo de Primaria o primer ciclo de Secundaria. No obstante, priorizamos la repetición temprana (es decir, en el primer ciclo de Primaria) porque consideramos que, debido a la edad de los alumnos, afecta menos a su autoestima y es el mejor momento para profundizar de cara al futuro en las áreas instrumentales (Matemáticas y Lengua). En el caso de que el alumno no puediera repetir (la Ley sólo permite una repetición a lo largo de Primaria y otra en Secundaria, salvo que el alumno no hubiera repetido en Primaria y entonces podría repetir dos años en Secundaria) se plantearía ante la Delegación de Educación la posibilidad de hacer al alumno una adaptación curricular significativa, que supondría señeccionar los objetivos fundamentales que serán objeto de trabajo por el alumno de todos los que se van a implartir durante el siguiente ciclo. Este tipo de adaptación implica la participación del Gabinete Psico-Pedagógico del Colegio, un profesor de apoyo, en horario escolar, y la ayuda del profesor del alumno. Los criterios deberán ser muy claros y permitit al amuno la posibilidad de que, como resultado de esta adaptación, pueda al final del siguiente ciclo incorporarse con normalidad al sistema general de clases. En caso contrario, el alumno, al final del proceso, no obtendría el título de Secundaria, pero habría recibido una instrucción suficiente para su inserción laboral. Si la adaptación sólo afectara a una de las áreas instrumentales y el equipo docente no hubiera, por tanto, considerado conveniente la repetición de curso, se establecerá una adaptación poco significativa que implicará el trabajo del alumno con el profesor de apoyo desde el comienzo del curso siguiente, tras el establecimeinto de tareas de recuperación para el verano y la realización de una prueba al comienzo de dicho curso. Terminamos, no sin antes resaltar que para que todo este programa de evaluación tenga éxito es necesario:
Todo este proceso de evaluación se completa, en el caso de Secundaria y Bachillerato, con los exámentes de Septiembre. En los demás casos, Primaria y Secundaria, sentíamos la necesidad de saber si estábamos en el buen camino, si nuestros objetivos y métodos de evaluación se correspondían con lo que se estaba haciendo en otros lugares de España. Por ello, anualmente, de acuerdo con una ran empresa consultora de educación, a final de curso, pasamos una prieba externa, que es elaborada y corregida por el Gabinete antes mencionado. Ello nos permite valorar cuál es la situación de nuestras enseñanzas, con respecto a la media española, lo que unido a los test de inteligencia y memoria que cada fin de ciclo pasamos a nuestros alumnos, nos da una visión colectiva e individual bastante completa de nuestro alumnado y nuestras enseñanzas. |
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